¿Qué nos hace desconectarnos del mundo? por Rosa Casanova

Las personas que sufren algún tipo de deterioro cognitivo o daño cerebral pueden encontrar a través de Arteterapia el respeto a su modo y lenguaje de expresarse.

En estos tiempos que corren yo diría que la pregunta sería ¿qué nos hace desconectarnos de nosotrxs mismxs? Lo que ocurre es que las personas que sufren algún tipo de deterioro cognitivo o daño cerebral cada vez se van desconectando más de todo por la sencilla razón de que comienzan a no comprender.

En este lugar de incomprensión de lo que les rodea, en mayor o menor medida, las actitudes y estar en la vida son muy diferentes en cada uno de ellxs. Sin embargo, lo que sí he encontrado en común en todxs es el poder estar a su lado de la forma en que cada persona quiere: con alegría y verborrea, con diálogo y sosiego, con silencio y contacto y siempre, siempre, con la intención de estar para ellxs.

He aprendido en todos los años que he compartido espacio, sentires y emociones con estas personas, que no se trata de mí, no se trata de llegar con mi propuesta de actividad meditada y creativa, no se trata de lo que yo quiera, aunque sienta que podría ir bien, se trata, ni más de menos, de escuchar lo que necesitan, lo que te piden sin decir, lo que te dicen sin hablar y lo que, muchas veces, te dicen bajito.

Las experiencias con todas estas personas utilizando la Arteterapia y también los cuencos tibetanos, me ha llevado a comprender un poco más su incomprensión. Dejar que las personas se expresen de la forma que quieran, siguiendo o no las dinámicas propuestas, me ha dejado al descubierto lo ignorante que era de sus vidas, de la riqueza emocional que, aún sin estar enteramente conscientes del aquí y del ahora tan gestáltico, pueden desplegar a lo largo de todo el día.

Para mí ha sido un modo diferente de hacer Arteterapia. Ha sido unirme a su viaje, ir hacia donde ellos y ellas iban, con la mirada abierta y el corazón emocionado. Ha sido aprender y aprender cada día. A quitarme importancia, a ser la acompañante en sus delirios y en sus realidades más duras. A este ‘no hacer nada’, únicamente dar la mano y escuchar ‘no me dejes sola’.

Me siento inmensamente afortunada de haber compartido viaje con todas estas personas que tienen el derecho fundamental a expresar sus emociones de la manera que tienen accesible y que, cuando se les brinda la oportunidad, la cogen como bocanada de aire puro que necesitan.

Rosa Casanova Lafarga.

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